domingo, 4 diciembre 2022
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Carretera a la Costa

Fue en 1999 cuando la cosa del GIL estuvo a punto de alcanzar una mayoría absoluta que hubiera convertido nuestra ciudad en patio de Monipodio, ni más ni menos que Marbella y muchas otras ciudades y pueblos, incluida Ceuta, donde don Jesús Gil y Gil gobernó del 99 al 2001, cosa esta que parece haberse olvidado. Sin embargo, y según parece, aquí nadie aprendió la lección: recuerda: un pueblo alzado en coces y tan harto de levantarse a las 5 para ir a los andamios de la Costa, entonces, que hubiera votado a monseñor Lefevre de haberse presentado.

Un sindicato de intereses que se hizo con 6.614 votos, ocho concejales y el 35.4 % de los sufragios. Bastó que una rubia —no sé si de bote, pero con certeza en plan en plan Bayer de trilero—, bastó, diré al fin, que doña Trinidad Aragón jurase que Ronda tendría uno de los emporios farmacéuticos más importantes del mundo, dos garbeos de Jesús Gil en Rolls por el Puente Nuevo exhibiendo un Cristo de Dalí en su ubérrimo y sudoroso pecho, tres barriles de cerveza y unos platos de choripán de gañote en la plaza de los Descalzos y la promesa de una carretera recta a la Costa… Con eso sobró para poner de perfil a las fuerzas políticas de establishment que venía gobernando Ronda desde la muerte de Franco el de la Mili.

Hoy, visto el guirigay taleguero en que terminó Marbella, hay que reconocer que Juan Benítez (PSOE), Pepe Herrera (por entonces PP) y Pascual del Río (ayer como hoy de IU) actuaron sabiamente trazando un cordón sanitario que frenó en seco los tejemanejes de la tropa gilista. Y no fue fácil. Tuvieron que soportar la presión de unos personajes despechados que lejos de asumir la matemática democrática, se mostraban como auténticos bucaneros que (supuestamente) lo mismo trataban de comprar ediles socialistas a 700.000 pelas el mes —tiren de hemeroteca— que se iban a los plenos con un trabuco cargado de insultos y todo aquel arsenal de infamias y calumnias que enmerdó la política rondeña hasta extremos impensables.

Viví aquello muy de cerca y tal vez —solo tal vez— algún día ponga en limpio los apuntes que guardo, más que nada por ver de sonrojar a algunos que ahora van de puristas y a otros que actúan de paladines de la ética, pero que entonces, cuando había que dar la cara, se enrocaron en un oportunista respeto a “la voluntad del pueblo” que, amén de cuestionar la legitimidad de los pactos como base de los sistemas democráticos, nos hubiera llevado de cabeza a las ciénagas del populismo gilista. O sea, que por mal que se haya actuado en los últimos veintitantos años, estoy seguro de que estamos muy lejos del berenjenal a que se hubiera llegado de hacerse el GIL con la alcaldía rondeña.

Sin embargo, lejos de buscar razones o sacar algún tipo de enseñanza de aquella mala experiencia, los partidos políticos, digamos que tradicionales, olvidaron la autocrítica y pasaron página ante los 6.614 votos del GIL. Nadie quiso asumir que el vendaval gilista hundía sus raíces en las carencias históricas de la comarca rondeña. Aquí, ya se sabe, señalarse, lo preciso. Y un ejemplo —entre tantos— es la autovía que tanto necesita Ronda para no convertirse en otro desierto poblacional más en esa cursilada que se ha dado en llamar la España vaciada.

Puede que con la que está cayendo: Ucrania: petróleo: gas: Euribor, inflación y desempleo: no sea el mejor momento para encarar una obra de semejante envergadura, pero nuestros gobernantes tienen la obligación —solo sea porque así lo vienen pregonando desde que don Juan Harillo fuese alcalde— de seguir apostando por una vía de comunicación que nos conectaría en menos de media hora con la principal industria andaluza, que no es otra que el turismo.

No valen placebos ni excusas de mal pagador. Harto está el personal de estudios preliminares llenos de colorines… ¿Se dijo? ¿Sí? Pues entonces, a cumplir llaman. Desde el respeto medioambiental —y a la palabra dada—, hay que seguir incidiendo en una empresa vital para Ronda. Y si no fuera posible, que se expliciten las causas, a las claras y apechugando con la incoherencia que hay entre lo que se mantenía ayer en la oposición y lo que algunos dicen ahora. Tate y piense: el Mirlo Blanco del PP en danza: a Bendodo me refiero, que ahorita anda por el hall del Palace en Madrid: pues bien pudiera ser que la (no) autovía a la Costa terminase ocultando las inversiones de la Junta en la Ronda actual.

Vamos, Moreno, que tú puedes… Ándele usted, señora alcaldesa, acampe frente al San Telmo sevillano, encadénese a un marmolillo, tire de pancarta, hágase notar y ponga a la ciudad que le dio los votos por encima de carreritas que están por ver. Con cariño se lo digo, que luego se presentan a las elecciones Los Que Van Por Libre y capaces son de levantarse los tres o cuatro concejales que en las siguientes dan o quitan alcaldías.

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