La historia de Ronda encierra datos, hechos, monumentos o personajes que, en nuestros días, resultan desconocidos para la mayoría de los ciudadanos. El motivo pudiera ser que el tiempo, discreto pero contundente, se ha encargado de silenciar y de borrar muchas huellas hasta hacerlas casi invisibles. El pintor Alonso Vázquez aparece como un ejemplo de ello. Un artista de la segunda mitad del siglo XVI que merece la pena rescatar del olvido.
Aunque encontramos a este artista plenamente relacionado con la ciudad de Sevilla, según Palomino, Alonso Vázquez nació en Ronda. Sin embargo, nada se conoce sobre su infancia, ni sobre el lugar donde realizó su formación artística. Lo que podemos afirmar con rigor histórico es su estancia en la capital hispalense, alrededor de 1580. Allí trabajó, acopió experiencia y recibió encargos, muchos de los cuales aún los podemos disfrutar.
Quizás el más llamativo sea el retablo de la capilla del Hospital de las Cinco Llagas de Sevilla, hoy sede del Parlamento andaluz. Lo realizó entre 1601 y 1602, justo antes de marcharse a México en 1603 como pintor de cámara del virrey de Nueva España Juan de Mendoza y Luna, marqués de Montesclaros.
Nuestro artista llegó al Nuevo Mundo siendo un artista consolidado, y es por esa razón por la que influyó en los pintores autóctonos, llegando a ser un prolífico artista, si bien muchas de sus obras estén desaparecidas. En aquellas tierras permanecería hasta su muerte.

Foto 1: Alonso Vázquez. Sagrada Cena, Museo Bellas Artes Sevilla en www.guiadigital.iaph.es
Este gran representante del manierismo exaltó, como no podía ser de otra forma, los valores de la Contrarreforma. La época en que vivió así lo exigía y fue el motivo de que la temática religiosa constituyera la tónica dominante de su arte.
El arzobispado de Sevilla y las órdenes religiosas se posicionaron entre su principal clientela. Sondeando entre su dilatada producción, hemos de destacar la Sagrada Cena del refectorio de la Cartuja de Santa María de las Cuevas de Sevilla, hoy en el Museo de Bellas Artes de esa ciudad, donde hay también una Inmaculada de su autoría. También las obras para los jesuitas de Marchena, para el Monasterio de santa Paula de Sevilla, el Retablo de la Inmaculada de la sevillana Iglesia de san Andrés, el tríptico de La Resurrección de la Iglesia de Santa Ana en Triana, La Virgen del Pozo Santo de la catedral hispalense, La Virgen de Belén de la Parroquia de Santa María de la Asunción de Arcos de la Fronterao las pinturas para el Convento de la Merced Calzada, realizadas con Pacheco, el suegro de Velázquez. Además, se conoce la intervención junto a este, Vasco Pereira y Juan de Salcedo en la decoración pictórica del túmulo funerario de Felipe II, ejecutado en 1598.
Su estilo se distinguió por un dibujo rotundo y preciso, al lado de un colorido arbitrario y, en cierto sentido, artificioso. Sus figuras se alargan, alejándose de las proporciones clásicas, por lo que se sitúan cercanas a la pintura del siglo XVII, vislumbrando así matices que se encaminan hacia la dirección del Barroco.
Alcanzó un meritorio reconocimiento, que no pasó desapercibido para sus contemporáneos. Pacheco en El Arte de la Pintura dio muestras de ello al exponer: “Yo he hecho con este color algunos terciopelos bien imitados; pero todos quedan atrás con los de mi compañero Alonso Vásquez, que ninguno le igualó en esta parte”.
Ahondando en el estudio de su obra, se atestigua la concatenación con el último período creativo del Renacimiento, conocido como Manierismo, cuyo carácter se basó en un dibujo firme y preciso, volcado más en captar imágenes ya plasmadas, que en la observación directa de modelos reales o de la naturaleza.

Foto 2 Alonso Vázquez. Virgen del Pozo Santo, Catedral de Sevilla en www.guiadigital.iaph.es
Vázquez estuvo al servicio del duque de Medina Sidonia y para el duque de Alcalá, realizando trabajos para ambos nobles. Para el primero llevó a cabo retratos de algunos miembros de la familia ducal; para el segundo, una serie de ocho pinturas en las que representaba Las Artes liberales. Desgraciadamente, nada de esto se ha conservado.
A pesar de ello, este pintor rondeño nos ofrece un valioso legado digno de tener en cuenta en la labor de rescatar un pasado histórico casi desvanecido. Su recuerdo, esfumado a pesar de su fértil trayectoria, solo está presente, de manera discreta, bajo el rótulo de una calle en el barrio de san Cristóbal de la ciudad de Ronda.