Es una de las frases más habituales cuando aparece dolor en el cuello, la espalda o los hombros. Sin embargo, lo que popularmente llamamos contractura no suele ser una contractura real del músculo.
En medicina, una contractura verdadera se define como una limitación del movimiento producida por un acortamiento mantenido de los tejidos blandos alrededor de una articulación. Este fenómeno aparece principalmente en contextos neurológicos, por ejemplo cuando existe espasticidad tras un ictus, una lesión medular o una parálisis cerebral. En estos casos el músculo permanece durante largos periodos en una posición acortada y puede acabar desarrollando una limitación real del movimiento.
Un artículo científico muy citado, “New perspectives on the development of muscle contractures following central motor lesions” (Pingel et al., Journal of Physiology, 2016), explica que en estas situaciones intervienen múltiples factores relacionados con el sistema nervioso y el control del tono muscular.
Pero este tipo de contractura estructural no es lo que ocurre en la mayoría de dolores musculares cotidianos.
El papel del estrés y el sistema nervioso
En muchas ocasiones, la sensación de rigidez o tensión muscular tiene más que ver con cómo el sistema nervioso regula el tono muscular, especialmente en situaciones de estrés.
Cuando una persona está sometida a carga mental o estrés mantenido, el sistema nervioso puede aumentar la activación de determinados músculos como mecanismo de protección. Esto ocurre con frecuencia en zonas como cuello, trapecios o zona lumbar.
Un estudio clásico publicado en Psychophysiology por Lundberg y colaboradores (1994) demostró que durante tareas cognitivas estresantes la actividad eléctrica del músculo trapecio aumenta de forma significativa incluso sin que exista movimiento físico. Es decir, el músculo se mantiene con un nivel de activación más alto de lo normal.
Este tipo de activación muscular de bajo nivel mantenida en el tiempo puede generar fatiga muscular, molestias y una mayor percepción de rigidez, aunque el músculo no esté realmente “contracturado”.
Entender el dolor para tratarlo mejor
Por eso, muchas de las llamadas contracturas no son un “nudo en el músculo”, sino una respuesta del sistema nervioso que aumenta la tensión muscular cuando percibe sobrecarga, estrés o fatiga.
Comprender este mecanismo cambia la forma de abordar el problema.
En lugar de intentar “romper una contractura”, el objetivo suele ser mejorar el movimiento, la capacidad del músculo para adaptarse a la carga y reducir la sobreprotección del sistema nervioso.
La buena noticia es que la mayoría de estos dolores pueden mejorar mucho cuando se evalúan correctamente y se tratan con un enfoque adecuado.
Si llevas tiempo con dolor muscular o sensación de rigidez que no termina de mejorar, una valoración profesional puede ayudarte a entender qué está ocurriendo realmente y qué hacer para solucionarlo.
En Profisium, clínica de fisioterapia en Ronda, trabajamos con un enfoque basado en evidencia científica para analizar el origen del dolor y ayudarte a recuperar movimiento y calidad de vida.
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Porque muchas veces no hay una contractura que “quitar”, sino un sistema que necesita volver a funcionar con normalidad.