Partiendo de la soledad del Desierto de las Nieves, y continuando por los muros de La Merced, la historia de la Orden Carmelita en Ronda es una historia de resistencia y fe, que trajo consigo una reliquia que desafió fronteras y guerras: la mano incorrupta de Santa Teresa. El destino quiso que hoy, un siglo después, siga presente en la identidad de la orden y de la ciudad. Una ciudad que se niega a olvidar su patrimonio más sagrado.
La presencia de la Orden Carmelita en la ciudad de Ronda está ligada al desierto de la Virgen de las Nieves, en El Burgo, fundado en el cambio del siglo XVI al XVII. Desde allí, cuando la vida del retiro era interrumpida forzosamente por temas médicos o burocráticos, los ermitaños que acudían a Ronda contaban con una hospedería, situada en la actual capilla del Carmen, al lado de las murallas del mismo nombre y junto al Hospital Real de Santa Bárbara. Según nos describe Moreti, se trataba de una casa enfermería donde reponían fuerzas, tras las continuas penitencias que practicaban en el desierto. El historiador local nos ofrece una breve descripción en la que destaca que poseía huerta, una formidable biblioteca y capacidad para un buen número de frailes.
Sin embargo, no es hasta 1924 cuando tiene lugar la fundación del convento de las Carmelitas de Ronda. Desde que, en 1910, la burgueña María de Cristo toma los hábitos en Málaga, la idea de realizar una fundación en nuestra ciudad va a ir tomando forma. Los primeros pasos serían el beneplácito de su confesor, así como la autorización del obispo Manuel González. En cuanto al aspecto económico, quedaría solucionado gracias al respaldo que ofrecióMaría del Carmen García Simó, de la Acción Católica de Málaga. Tras todo esto, la Santa Sede autorizó la fundación.
El primer emplazamiento de la Orden tuvo lugar en una casa de la calle Lauría. Allí iniciaron su andadura, junto a su fundadora y priora María de Cristo, once monjas portuguesas que fueron desterradas de Lisboa, obedeciendo el Decreto de expulsión, dictado tras la proclamación de la república en aquel país. Con la finalidad de salvar objetos preciados del convento del que habían sido desahuciadas, trajeron consigo el más valioso: la mano de Santa Teresa.
Años más tarde, en 1926, aquella comunidad primigenia de Ronda se trasladó a La Merced, inmueble que estaba por entonces cerrado y abandonado y que, por este motivo,iba a volver a resurgir.

Sin embargo, contratiempos y obstáculos arrancaron el sosiego de raíz, en el marco del sinsentido de Guerra Civil. Ronda quedó dentro de la zona republicana y, ante el peligro que corría la comunidad, ya que muchos edificios religiosos fueron asaltados y sus bienes incautados o destruidos,las monjas se vieron obligadas a refugiarse en el Asilo de las Hermanitas de los Pobres. Allí recluidas con el tiempo suspendido,experimentaronuna inquietante paz, fustigada por los terribles bramidos de la guerra.
En una espiral envolvente de crueldad,por cuestión de vida o muerte y con actitud resignada, habían tenido que entregar la reliquia de la santaal Comité de Defensa local. Todo pareció evaporarse.
Al acabar la contienda, volvieronal convento de La Merced,donde la tristeza estaba adherida a sus muros. Lo hallaron casi destrozado y expurgado de su patrimonio artístico. Con esto, la restauración fue el objetivo prioritario, para volver a la normalidad lo antes posible. De forma paralela a este proceso, la historia de la mano de Santa Teresa había iniciado un gran periplo sin destino que acabó cuando quedó en poder de Franco. Después de su muerte, la reliquia volvió a Ronda, en enero de 1976, donde en la actualidad permanece custodiada por las monjas carmelitas.
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El convento guarda en su memoria, con pétreo aplomo, que el fervor ganó la batalla al temor, cincelando así una parte destacada en la historia de Ronda.
A día de hoy, con un futuro incierto, el convento carmelita de La Merced, custodio de la reliquia de la Santa de Ávila, sobrevive desafiando el espesor de los tiempos y afrontando las circunstancias.