El análisis del libro conmemorativo de los Juegos Florales de 1911, editado en la histórica imprenta Abela, revela una radiografía excepcional de la Ronda de principios del siglo XX. Más allá de su carácter competitivo, este certamen literario se consolidó como un manifiesto de la pujanza cultural y económica de la ciudad, a la vez que exaltaba sus tradiciones y aspiraba a su propio progreso.
Los Juegos Florales que se celebraron en Ronda en el año 1911 se recogieron para la posteridad en un libro conmemorativo publicado en Ronda por la imprenta Abela.
El documento no es solo un programa del encuentro literario ni una simple crónica del evento, sino que se trata de un valioso instrumento que nos adentra de lleno en la historia de nuestra ciudad, ya que proyecta su imagen en numerosas vertientes. Aborda temas como la cultura, la estética, la belleza y los ideales del arte, a través de personas de la época, al lado del enaltecimiento de un pasado glorioso y de un presente exhibido con máximo orgullo. Destaca su prólogo, escrito por el cronista de Ronda Antonio Madrid, además del discurso de Luis de Armiñan, el maestro de ceremonias, que ocupaba en ese momento el cargo de director general de obras públicas. Su alocución, histórica y poética, fue un gran momento del acto, puesto que puso de relieve los dones de la tierra en el marco de un lenguaje exaltado y de un orgullo desbordante.

El acontecimiento literario, organizadoa escala nacional, contó con la concurrencia de 230 trabajos, todos ellos recibidos en menos de un mes. Sin embargo, ante esta participación masiva, la Comisión Organizadora, compuesta por Francisco Aparicio, Francisco Ruiz, Antonio Atienza, José Sandaza y Juan Rodríguez,supo estar a la altura.
El objetivo era situar a Ronda como referente. Para ello, fueron definidasdiversas categorías de premios para honrar su historia y su legado. De esta forma, los galardones se establecieron en temáticas como: poesía de amor, honra a Vicente Espinel como gloria local o asuntos militares de actualidad, donde tomó protagonismo la guerra del Rif, que estaba en pleno apogeo.
Aparte de todo esto, otro de los premios instituidos estaba dirigido a trabajos que fomentaran el turismo y la creación de nuevas industrias en la comarca, logrando así una feliz combinación entre el romanticismo y pragmatismo. Un equilibrio entre tradición y modernidad, que conectaba la belleza y el arte con la política y el desarrollo económico.

No obstante, una de las secciones más llamativas del documento es la denominada “Corte de Amor”. Esta parte estaba representada por damas de la alta sociedad rondeña que encarnaban los ideales de belleza y de virtud, al tiempo que expresaban una metáfora de las bondades y excelencias de esta cuna de hombres extraordinarios y guardiana de arrogante belleza.Integraban este grupo Manuela Gómez de las Cortinas y Atienza, Engracia Aparicio Hurtado, María Peñalver Topete, Consuelo Granados León, Emilia González Abela y Mercedes Zamudio Camacho.
De entre los premios, el rondeño Eloy García Valero obtuvo el más destacado: la Flor natural, del que extraemos un fragmento:
(…)
Ante la inútil y costosa gloria,
del descuidado andante caballero.
Símbolo fiel del genio aventurero
e imprevisor de nuestra noble historia:
Ante la gran transformación debida
a nuevos elementos productores
de fuerza y luz en la moderna vida,
que, por la patria gloria en competencia,
al estudio y la lucha nos convida,
de la grandeza nacional creadores;
ante el ardor de la moderna ciencia.
Que en su triste inventiva destructora
deja al valor en misera impotencia,
y sin gloria y sin luz héroes devora,
(…)
Hay que apuntar que hubo una buena representación de escritores locales. Entre ellos obtuvieron reconocimientos las maestras y hermanas Mariana y Francisca Ruiz Vallecillo, Manuel de Hoyos Migens o el historiador Federico Lozano. Del mismo modo, destacamos dos de las distinciones quese ofrecieron, por haber sido adjudicadas a participantes de la Serranía: Francisco Amaya Rubio, de Faraján y Joaquín Ortega Durán, de Montejaque.
Fueron muchos los concurrentes queconsiguieron un galardón,desde numerosos puntos de la geografía española: Algeciras, Burgos, Cáceres, Cádiz, Ciudad Real, Córdoba, Granada, Jaén, Málaga, Madrid o Murcia.
Por su parte, una gran nómina de intelectuales, encabezada por Juan Carrillo Díaz, compuso el jurado, el cual se distribuyó en cada uno de los ámbitos que fijaban las bases.
La organización de estos Juegos Florales encierra en sí una de las páginas más prósperas, culturalmente hablando, de nuestra historia local. Era un momento en el que la poblaciónprosperabaen muchos campos: económico, social, educativo y cultural. Hacía apenas dos años, había tenido lugar la fundación del Monte de Piedad y Caja de Ahorros de Ronda, además de haberse producido la visita del rey Alfonso XIII. Ambos acontecimientos extraordinariosrepercutirían de manera positiva enla proyección de la ciudad.