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domingo, noviembre 30, 2025
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Haciendo amistades, que se dice

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A lo que vamos: ándele, patrón, y a burro viejo, palo en las dos orejas…

Vengo a decir que todos aquellos vehículos que crucen el Puente Nuevo deberán pagar el sello en Ronda so pena de ser multados cada vez que pasen. Así, de este modo tan tajante lo han dispuesto nuestros barandas municipales en una ordenanza cuando menos discutible: y conviene recordar, aunque se le olvide a más de uno, que ese puente no lo levantó Ronda sola, porque Ronda carecía de dineros propios para afrontar una obra de semejante envergadura: se levantó gracias al esfuerzo colectivo de casi todos los pueblos de la comarca, que, con más o menos contento, pusieron jornales, mulos y prestaron caudales de ahorro que, como en el caso de Villaluenga del Rosario, abrió y volteó las arcas municipales para sufragar la parte que le correspondía: este puente de factura hasta entonces imposible fue sufragado entre todos los serranos. Y no hace tanto. De modo que cruzarlo no fue nunca un privilegio, sino un derecho adquirido por la mayor parte de los pueblos que conforman lo que hoy se conoce como Serranía de Ronda.

Ahora, en cambio y porque así le petó a los que mandan —y también a los que callan del más cómplice de los modos—, los tataranietos de quienes contribuyeron al levantamiento del Puente Nuevo lo vuelven a pagar, no en jornales ni en cargas de hacienda, sino en multas y notificaciones de apremio, que les llegarán al buzón tan pronto crucen el puente de Aldehuela sin tener el coche domiciliado en Ronda: los de Benaoján, Júzcar, Alpandeire, Arriate o Grazalema se ven tratados como extraños en sus propias querencias y no pocos caen en la sanción: esto es lo que hay y aquí mandan los que mandan: a pagar, ya digo, que a burro viejo, palo entre las dos orejas.

Lo que fue símbolo de unión comarcal, seña de fraternidad serrana, se degrada en una frontera a lo Tijuana que no contribuye a mejorar precisamente las relaciones entre pueblos vecinos: lo que fue orgullo de buena vecindad se traduce en cobro automático: cruzas el puente, foto al canto desde el lector de matrículas de Santo Domingo y pago por la vía ejecutiva: la épica de ayer se convierte en expediente ruin, y la memoria, en agravio.

Es un disparate esta ideíca de obligar a que los pueblos de la comarca rondeña «empadronen fiscalmente» sus vehículos en Ronda para poder cruzar el Puente Nuevo sin ser multados. No está bien, no es de recibo y peor acabará lo que mal empieza. Al tiempo.

Primero: el puente se levantó con el hambre, los ahorros y el sudor de casi todos los pueblos que ahora ven cómo se les impide el paso con sanciones y requilorios: y lo más duro es que sin sello fiscal en Ronda no hay perdón que valga: da igual que el coche esté fichado en Grazalema, en Montejaque —hay que decirlo— o en Cartajima: al vecino de comarca se le castigará a poco que cruce el Puente Nuevo con una multa que olvida que fueron precisamente sus tatarabuelos quienes ayudaron a pagar el puente: los mismos que luego, y durante más de doscientos años, han estado cruzándolo libremente para sostener la economía de la ciudad. Y así, lo que fue obra colectiva se convierte en humillación, y el puente que siempre unió a los vecinos de los pueblos se convierte ahorita en frontera —a lo Tijuana, repito— contra los mismos que lo hicieron posible y que tanta vida nos dieron y nos dan con su presencia (y sus carteras).

Lo que se pone en peligro es el pulso mismo de la ciudad: porque esos pueblos a los que ahora se multa por cruzar el puente con unos vehículos censados en sus ayuntamientos son los mismos que sostienen la feria, que llenan la Ronda Romántica de trajes y caballos y recreaciones históricas, los mismos que mantienen viva la calle de la Bola y el comercio diario: sin ellos, la ciudad sería un decorado vacío, negocio muerto y fiesta desierta: y aun así, en vez de gratitud se les paga con agravios y sanciones: un puente que fue levantado entre todos, hoy se convierte en una barrera que amenaza con dejar a la ciudad más sola de lo que nunca estuvo. Ya digo: ándele, patrón y a burro que no trilla, palo en los… corvejones.

Y no hablamos de un capricho urbano cualquiera, hablamos de derechos adquiridos: los cascos históricos de muchas ciudades están vedados al tráfico, sí, es cierto: pero en Ronda el cierre afecta a un puente que fue levantado por toda la comarca y que facilita la entrada y la salida de la ciudad: no es solo cuestión de tráfico, es cuestión de memoria: se trastocan derechos de paso, se abre la puerta al agravio y hasta a la discordia entre vecinos. ¿Es que no podían esperar a tener solucionada la entelequia de los mil ciento treinta y tres viales alternativos? ¿Tan tiesos estamos?

Aquí no se defiende el monumento, se defiende la recaudación más mezquina: no se protege la piedra, se exprime y se va a por el vecino de comarca. Para mí que estos de la corporación municipal acabarán pasando a la historia como auténticos sembradores de cizaña: negar el paso en el puente a un vecino de Cortes o Atajate es igual que negárselo a uno de San Cristóbal. Y sí, se me viene a la cabeza el sheriff de Nottingham, el Cobrador del Frac y hasta el mismísimo Esquilache en sus peores días… Haciendo amigos, que se dice.

Exigiendo que nuestros amigos de la Serranía paguen por cruzar el Puente Nuevo, se hace de todo, hasta el idiota, pero desde luego no se hace comarca, por más que se quiera vestir el argumento con modernidades, agendas 30 y huellas de carbono: el cierre del puente a nuestros vecinos supone un desprecio que se salta a la torera siglos de buena vecindad, de reparto de cargas y también de derechos adquiridos. Repiensen la norma y no sigan castigando a los mismos pueblos que un día ayudaron a levantar con hambre, sudor y dineros el puente que ahora se les cierra en las narices.