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martes, marzo 31, 2026
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Crimen en la Semana Santa: El asesinato del corregidor de Ronda (1708)

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El 4 de abril de 1708, la ciudad de Ronda fue el escenario de un suceso que conmocionó a la sociedad del momento: el asesinato del corregidor Miguel de Salamanca y Quiñones, una de las máximas autoridades, yaque representaba la realeza en la ciudad.

El hecho tuvo lugar en Ronda, durante la procesión del Viernes Santo, en las cercanías de la iglesia de Santa Cecilia, la actual iglesia de Padre Jesús. En él se vieron involucradas varias personas importantes como el corregidor, el alcalde mayor, así como un miembro de la nobleza.

En una sociedad fuertemente jerarquizada, cada grupo social tenía una función clara y delimitada. Al cargo de corregidor le correspondía vigilar que se cumplieran las normas en cuanto al orden público y en los asuntos religiosos. Entre otros asuntos, y en correspondencia con las procesiones de Semana Santa, se ocupaba de una de las reglas más estrictas, dictada por las autoridades eclesiásticas: la de llevar el rostro descubierto. La finalidad era la de evitar que el anonimato representara una salvaguarda en escándalos o delitos.

En ese contexto, el corregidor Salamanca se percató de que había un nazareno transgredíalas normas establecidas. Es la razón por la que tuvo que llamarle la atención en más de una ocasión, ya que estos avisos fueron ignorados por el penitente. Ante esta situación, el corregidor no tuvo más remedio que proceder a su detención. Sin embargo, debido a la resistenciaque puso el afectado, se desencadenó un forcejeo que desembocó en violencia.

El hecho originó un tumulto queincluso el alcalde mayor, Juan García Obregón, tuvo que intervenir. Él fue quien logró despojar del capirote al infractor, por lo que quedó al descubierto su identidad. Se trataba de Juan Florencio Lasso de la Vega, un conocido noble de la ciudad. Al verse identificado, reaccionó con agresividad hasta el punto que utilizó un arma blanca para defenderse, hiriendo así a la autoridad local, incluso asestando una puñalada mortal al corregidor Miguel de Salamanca, quien falleció casi en el acto.

Lasso de la Vega ya tenía antecedentes en el marco de la legalidad, especialmentepor algunos comportamientos conflictivos, manifestados a lo largo de su vida, por lo que no era un anónimo para la justicia. Su cólera y su orgullolo llevaron por caminospeligrosos y actitudespoco acordes a su rango de nobleza. Debido a estas conductas, no era la primera vez que se enfrentaba al corregidor. Sin embargo, fue en esta ocasión cuando la gravedad de lo acontecido alcanzó su punto más alto. Por tanto, al verse sin salida, emprendió su huida y se refugió en el cercano convento de los Trinitarios Calzados de nuestra ciudad. En ese lugar sagrado la ley le protegía, ya que se acogía a la inmunidad eclesiástica. No obstante, ese privilegio no se pudo aplicar, al ser el suyo un delito que iba contra un representante del rey.

A pesar de todo, logró escapar de allí y no es descabellado pensar que pudo contar con cierta ayuda cómplice.

En esta huida, enlazamos con el epílogo de esta increíble historia, lo cualsuponeun giro inesperado en el curso del normal desenlace. Casi veinte años después, y tras de una larga incertidumbre, se tuvieron noticias del paradero de este noble y homicida.

Resultó que residía en Málaga, en el convento de frailes mínimos de Santa María de la Victoria, bajo el nombre de fray Martín de Paula y Lasso. Allí desempeñaba el cargo de portero.

Con esto, a pesar del crimen que cometió, del largo proceso para ejecutar justicia y de la condena que se dictó, el noble, ahora lego, nunca llegó a cumplir la pena.

Aquel noble que cometió un asesinato un día tan importante de la Semana Santa, solo por salvaguardar su identidad, pasó el resto de sus días oculto bajo un falso nombre.

Esta historia, en el marco de esplendor del Antiguo Régimen, pone de manifiesto un ejemplo de injusticia. Lasso de la Vega no solo burló la justicia del Rey, sino que, en un lugar sagrado, halló el escondite perfecto tanto para su orgullo como para su pecado. Su historia permanece a día de hoy como el eco de una época en la que la sangre noble pesaba más que la ley.