Muchas personas en Ronda conviven desde hace años con dolor de espalda, cuello, rodilla u hombro. Han pasado por pruebas, radiografías o resonancias… y, sin embargo, el dolor sigue ahí.
Esto genera una pregunta muy frecuente: ¿cómo puede doler tanto algo si no aparece una lesión clara?
La ciencia del dolor lleva años estudiando este fenómeno y hoy sabemos que el dolor no depende solo del estado de los tejidos, sino también de cómo el sistema nervioso interpreta lo que ocurre en el cuerpo.
El dolor es una señal de protección. Su función es avisarnos de que algo puede estar en peligro. El problema aparece cuando ese sistema de alarma se vuelve demasiado sensible.
En estos casos, movimientos normales, esfuerzos pequeños o incluso el simple hecho de estar mucho tiempo sentado pueden provocar dolor intenso, aunque los tejidos estén razonablemente sanos.
Este tipo de dolor se conoce como dolor persistente o nociplástico. No significa que la persona “se lo imagine”, sino que su sistema nervioso ha aprendido a reaccionar con demasiada intensidad ante estímulos normales.
Diversos estudios han demostrado que factores como el miedo al movimiento, el estrés mantenido, la falta de actividad física o haber tenido episodios repetidos de dolor pueden modificar la forma en que el cerebro procesa las señales del cuerpo.
Con el tiempo, el umbral de dolor baja y el sistema se vuelve más reactivo.
Durante muchos años, el tratamiento del dolor se centró casi exclusivamente en el tejido: contracturas, vértebras, discos, tendones.
Hoy se sabe que en muchos casos eso no es suficiente. El abordaje más eficaz combina:
– comprensión de cómo funciona el dolor,
– recuperación progresiva del movimiento,
– ejercicio terapéutico bien dosificado,
– y reducción del miedo y la evitación de actividad.
El ejercicio no actúa solo sobre los músculos. Actúa también sobre el sistema nervioso, activando mecanismos naturales de modulación del dolor y ayudando a que el cuerpo recupere confianza en el movimiento.
No se trata de “forzar”, sino de reentrenar.
Este cambio de enfoque explica por qué muchas personas mejoran cuando dejan de tratar su cuerpo como frágil y empiezan a trabajar con cargas adaptadas, progresivas y seguras.
En Profisium, clínica especializada en fisioterapia y ejercicio terapéutico en Ronda, este modelo se aplica de forma estructurada.
Cada paciente es evaluado de manera individual para entender:
– qué tipo de dolor presenta,
– cómo responde su cuerpo al movimiento,
– y qué nivel de carga puede tolerar.
A partir de ahí se diseña un plan que no busca solo aliviar síntomas, sino mejorar la función y reducir la dependencia del dolor en la vida diaria.
“El objetivo no es tratar una espalda o una rodilla, sino ayudar a la persona a recuperar su capacidad para moverse sin miedo”, explican desde el centro.
El mensaje que lanza la ciencia es claro:
en muchos casos de dolor persistente, el camino no pasa por más pruebas ni más reposo, sino por comprender mejor el problema y aplicar un tratamiento activo, guiado y personalizado.
Para quienes llevan tiempo conviviendo con dolor sin encontrar una solución clara, informarse bien y acudir a profesionales formados en este enfoque puede marcar la diferencia entre resignarse o recuperar calidad de vida.
Profisium ofrece valoraciones específicas para personas con dolor persistente y programas basados en ejercicio terapéutico y educación en dolor.
Más información en su clínica de Ronda o en su página web: www.profisium-ronda.com
