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Homenaje a Victoriano Borrego desde la Astronomía

El siguiente artículo titulado “La observación del cosmos desde Colombia” fue publicado el 11 de agosto de 2007. En nombre de Rafael Muñoz y en el mío sirva como un modesto homenaje a Victoriano Borrego, un gran profesional y sobre todo una excelente persona. ¡Gracias Victoriano por todo! ¡Siempre estarás en nuestros corazones!

Hace unos meses nos encontramos con Victoriano Borrego tras su fascinante viaje por tierras colombianas, aventura que nos ha relatado durante varias semanas en sus artículos “Viaje por una querida tierra”, y nos regaló un bonito póster de un festival astronómico que se celebra anualmente en la localidad de Villa de Leiva. Victoriano nos comentó: “Cuando vi el póster astronómico no dudé en traérselo a mis amigos astrónomos de Ronda”. Detalle que le agradecemos enormemente. Sus relatos, anécdotas y experiencias en dicho país nos entusiasmaron, decidiéndome a escribir sobre Colombia desde un punto vista astronómico. Este país tiene el privilegio de tener el primer observatorio astronómico de América y poseer un legado arqueoastronómico de gran riqueza. Además, su posición geográfica permite la observación de los dos hemisferios celestes.

El Valle Sagrado de SaquenzipáSaquenzipá es el nombre Muisca (pueblo indígena de la zona central de Colombia) para el actual Valle del Río Leiva, que discurre en la llanura que se extiende al Oeste de la población de Villa de Leiva en el departamento de Boyaca. Los afortunados que han visitado Saquenzipá lo describen como un paisaje imponente y mágico.  El valle es un lugar de cielos oscuros y limpios, que asociado a la altura del sitio sobre el nivel del mar (2100 metros), constituye un lugar privilegiado para la realización de observaciones astronómicas.

En 1847, el geógrafo Joaquín Acosta descubre en el Valle Sagrado unas  milenarias  construcciones megalíticas y Alexander Von Humboldt, un eminente científico alemán del siglo XIX, indica que su utilidad pudo haber sido astronómica, sirviendo para medir las sombras solsticiales o equinocciales y el paso por el cenit. En 1981, el arqueólogo Silva Celis y su equipo realizaron excavaciones arqueológicas en Saquenzipá llegando a las siguientes conclusiones: “Las ruinas megalíticas tienen una antigüedad de unos 3.000 años. […] serían utilizadas como campos sagrados de observación astronómica y meteorológica, al mismo tiempo, como centros ceremoniales y de culto al sol y de prácticas y ritos mágicos religiosos destinados a promover la acción de los espíritus, fuerzas y fenómenos dispensadores de la fecundidad de la tierra. La orientación de las columnas constituiría una vía de recepción sagrada al astro rey en su movimiento aparente”. Hace 5 años el arqueoastrónomo colombiano Juan D. Morales indicó: “Al observar la bóveda celeste desde los campos de Saquenzipá, existe una relación precisa entre los relieves topográficos más notables del horizonte y ciertos eventos astronómicos muy importantes dentro del calendario solar y el lunar”. También sugirió que el mito de Bachue (madre primigenia del pueblo Muisca) tiene un origen astronómico, fundamentado en las observaciones de la Vía Láctea que realizaron los sacerdotes astrónomos Muiscas (Xeques) desde Saquenzipá, considerando un momento sagrado la época del año en la cual la Vía Láctea pareciera emerger como un caudal luminoso desde los páramos de Iguaque en donde se encuentran las “Siete Lagunas Sagradas” Muiscas. Actualmente, el llamado observatorio astronómico de Saquenzipá es un Parque Arqueológico, administrado por la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Tunja (UPTC).

El primer observatorio de América

El 24 de mayo de 1802 se iniciaron las obras del Observatorio Astronómico Nacional en Santa Fe de Bogotá,  convirtiéndose en  el primer observatorio que se construyó en el continente americano. La creación de dicho centro astronómico  fue iniciativa del naturalista gaditano José Celestino Mutis (1732-1808), de quien nos habló Victoriano en su artículo “Bogotá una ciudad inmensa donde se goza de su bella naturaleza” publicado en abril. La edificación comenzó a construirse en el jardín de la Expedición Botánica, bajo la dirección del arquitecto capuchino Fray Domingo Pétrez inspirado en los Observatorios de París y Greenwich.  La obra concluyó el 20 de agosto de 1803 y Mutis nombró como responsable del mismo a Francisco José de Caldas, tras conocer sus trabajos a través de las cartas enviadas a él por Von Humbolt, encontrando a la persona ideal para el desarrollo de este proyecto. Caldas fue un ilustrado del Virreinato de la Nueva Granada, agregado a la Expedición Botánica, destacando por sus escritos científicos (astronomía, geografía y botánica) y por su papel divulgador de la ciencia.

Desde su construcción el Observatorio Nacional ha sido testigo de la historia colombiana y ha pasado por diferentes etapas desde las puramente astronómicas hasta ser utilizado como fortaleza, prisión, salón de reuniones  políticas o incluso, debido a su abandono a mediados del siglo XIX,  alquilado para usos particulares llegando a ser un salón de té y de helados. Y en el pasado siglo habría que destacar, entre otros,  la labor realizada por los siguientes directores del Observatorio: Jorge Álvarez Lleras, uno de los discípulos del gran astrónomo colombiano Garavito; Belisario Ruiz Wilches, bajo su dirección se construyó el Observatorio de la Ciudad Universitaria en 1952; y Jorge Arias de Greiff, autor del libro “La Astronomía en Colombia” considerada la obra más completa de la historia de esta ciencia en dicho país.

Actualmente los trabajos de investigación están relacionados con la Astronomía Fundamental, Astronomía Galáctica, Astronomía Estelar y Astrofísica Teórica. Además se ha desarrollado la prospección y análisis de sitios adecuados para la observación astronómica y estudios en el campo de la Arqueoastronomía en Colombia.

Julio Garavito

Entre los astrónomos colombianos sobresale de forma especial  el matemático e ingeniero civil  Julio Garavito Armero (1865-1920). En 1892, fue nombrado director del Observatorio Nacional y se le confieren las cátedras de mecánica racional y de astronomía en la Escuela de Ingeniería. A pesar de la antigüedad y el estado de los instrumentos del observatorio, Garavito realizó interesantes trabajos de óptica, matemáticas, movimiento lunar, mecánica newtoniana y relatividad. Aplicó el método de Olbers para determinar las órbitas de los cometas de 1901 y 1910, usando registros de observaciones propias. Son destacables los trabajos en el área de astronomía dinámica, siendo su obra más relevante la titulada “Fórmulas definitivas para el movimiento de la Luna”. Hombre con gran sentido social alcanzó muchas menciones de honor como miembro de la Sociedad Colombiana de Ingenieros, de la Sociedad Belga de Astronomía, de la Sociedad Geográfica de Lima y de la Astronómica de Francia. Bajo la dirección de este ilustre bogotano, el Observatorio Nacional alcanzó una gran actividad científica e investigadora. En 1970, Julio Garavito fue honrado por la Unión Astronómica Internacional (UAI) al colocar su nombre a un cráter de la cara oculta de la Luna. El Cráter Garavito tiene un diámetro de unos 80 km  y se encuentra localizado a 48º de latitud sur y 157º de longitud este.