viernes, 1 julio 2022
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Abyecto maltrato a los abuelos

Malos vientos corren para los ancianos, sobre todo para aquellos que malviven con pensiones paupérrimas que a duras penas les llega para finalizar el mes y que no pueden permitirse el menor dispendio. Y es que muchos de ellos, además de arrastrar la penosa traba de la supervivencia están expuestos, como acaba de señalar la fiscalía, a una violencia que casi nunca traspasa los muros de la casa.
Cuando se habla de la violencia de género siempre, y en razón de las tropelías que se vienen sucediendo en el seno de las familias, pensamos en el maltrato que desalmados dispensan a la mujer. Pero ahora, quizás a remolque de los difíciles tiempos que nos ha tocado vivir, no es raro que también se maltrate a los abuelos.
Lo califican como «delito invisible» porque nadie de los que lo padecen osan denunciarlo. Se están dando casos flagrantes de ancianos que en su día acogieron en su hogar a familias desarraigadas, las de sus hijos, que sufren el azote del paro, y que luego llegan, en una inverosímil prueba de crueldad de ser maltratados por ellos o por sus nietos. Como dijo el Quijote a su fiel escudero Sancho: «cosasveredes que harán fablar a las piedras». Y estas acciones, por los lazos afectivos que unen a los padres con sus hijos pocas veces o nunca trasciende, éstos prefieren el silencio y el tragar saliva.
De ahí la urgencia de que el Ministerio Público vigile y se esfuerce en detectar estas tropelías y, en consecuencia, la Consejería de Salud y Política Social debe activar todo los mecanismos a su alcance parta que estos hechos prosigan entre el consentimiento y la impunidad. Pero esta atención a la tercera y última edad no goza de buena predisposición por las administraciones públicas para erradicar estas tropelías a los mayores, que son quienes todo lo dieron.
Pero ¿ que  se puede esperar si incluso se ponen escollos para que el abuelo necesitado pueda disfrutar de las atenciones de una residencia? Los requisitos que se exigen rayan en lo infinito y el grado de dependencia necesario para obtener la ayuda necesaria roza lo imposible. Las residencias públicas se encuentran masificadas y obtener una prestación para unir a la raquítica pensión que se cobra para así llegar a lo que las privadas exigen es una misión quimérica. Lo que no deja de ser otro modo de maltrato clamoroso.

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