lunes, 27 mayo 2024
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Declaración de intenciones: menos postureo y más exigir

Que digan lo que quieran, pero ninguno de los tres partidos que este sábado compartirán cacho en el Ayuntamiento estará legitimado para dar lecciones de nada hasta que, de una vez por todas, encaren la cuestión de las comunicaciones de Ronda como lo que son: el gran obstáculo para el despegue económico de la ciudad. Que no se engañen ni nos engañen con chapucillas de esas que se les van ocurriendo según venga el aire.

Que no nos distraigan con rollitos bienqueda que lo único que buscan es ocultar los deberes por hacer, porque la realidad es que mientras no se planteen estrategias de futuro seguiremos siendo los pagafantas de una peli de serie B a los que la tierra se les abre a los pies para devorar las ilusiones de la tropa más joven.

Ronda tiene “muitos negócios”, que diría Saramago, pero dos son mortales. De necesidad. Uno nace de la sumisión rastrera de sus dirigentes, al menos hasta ahora y en una mayoría de casos. El otro son las comunicaciones. Así, el mayor hándicap al que tienen que enfrentarse las contadas empresas que van quedando son las desventajas que impone el aislamiento, la deplorable red de carreteras y el consiguiente encarecimiento del transporte y las mercancías.

¿Por qué amilanarse ante la evidencia de unas veredas que son más propias de Sudán que de la Europa de aquella teutona chipén que llevaba el apellido de Merkel? Eminencias, hoy que toma forma la corporación municipal tal como decidieron libremente los vecinos, seamos claros: mientras no se adopten medidas valientes frente a las administraciones que nos niegan lo que tan alegremente dieron y dan a Cataluña y otras tierras del Norte, o al Gran Ducado de Ayuso o al Espejo de Antequera, por decir algo, Ronda seguirá siendo un lugar muy, pero que muy visitado, faltaría más, y al tiempo una fábrica de parados prisioneros de un modelo económico que ha demostrado hasta la saciedad su insuficiencia.

Porque por más que eso que se ha dado en llamar Inteligencia Artificial asegure que somos la ciudad más guay, chipendi lirendi y requetebonita de las Españas todas, a la hora de la verdad la pérdida de población seguirá siendo un castigo, sobre todo un castigo a futuro.

Cierto que el Puente Nuevo es un mar de chinos y coreanos y alemanes y anglos y rusos de la Rusia de Putin coincidiendo con el instante en que las campanas de Santa María elevan la llamada del Ángelus. Sin embargo, no es menos cierto que algo está fallando en Turismo cuando tantos miles de visitantes ávidos de un selfie en los balcones de la Alameda solo nos aportan los mínimos para mantenernos vivos.

O sea, que sí, que el que viene se asombra con unos paisajes en verdad grandiosos y espectaculares como pocos en Hispania, por no hablar de la leyenda y los tópicos que nos definen, pero ahí queda la cosa, pues una vez superado el primer golpe de asombro, tardará en volver, y es que el que llega con ánimo de quedarse una semana se lo piensa, y mucho, antes de asentarse entre nosotros tan pronto se le pasa el mareíllo del Chorrito, supera el King-Kong de la trocha de Ardales o sobrevive al subibaja del barco pirata en el que vino de Sevilla.

No es la ciudad la culpable de nuestros males; tampoco hay “mano negra” -lo digo siempre-, aquí los únicos responsables de nuestra ruina somos nosotros, que votamos gobernantes que al menos hasta ahora, y con honrosas excepciones, pensaron más, mucho más en sus “carreritas” políticas y en no dar la cara ni enfrentarse a sus propios partidos, cualquier cosa antes que señalarse defendiendo los intereses de los vecinos, y añado que siempre más interesados casi todos en sobrevivir bajo el lema de no ser moscas cojoneras de ministros y consejeros que en reivindicar la justicia que se nos debe en comparación con el resto de los territorios españoles.

Nuestros mascas practicaron la disciplina inglesa cuando dilapidaban fuerzas y neuronas con asuntillos como el estado del cementerio, que no digo yo que no sea importante, pero podrían haber dedicado unas horas a los vivos y abordar el infierno de las carreteras. Podrían pedir explicaciones ahora al PP y al PSOE nacionales en base a la igualdad entre españoles. Hablarles al oído, recordarles el despilfarro en aeropuertos sin aviones, autopistas sin coches, puertos sin barcos, AVEs que terminarán de pagar los nietos de nuestros nietos y, ya puestos, podrían tirar hasta de argumentos como bancos quebrados o negocios redondos como la herencia de los Alba, pues con una milésima parte de lo que nos costó cualquiera de estas cosillas nuestras carreteras serían hoy autovías… ¡Qué digo! Autopistas pondrían ser que colocaran a Ronda en plena modernidad, porque lo que es ahora seguimos en el siglo XIX, que más pareciera que el bueno de Ríos Rosas siguiera entre nosotros y que los peones camineros de la carretera de El Burgo siguieran soñando con una cosa negra y viscosa a la que llaman alquitrán.

Sueñen hoy que ocupan sus escaños en calidad de tribunos electos. Sean valientes. Conjúrense los veintiuno obviando distancias ideológicas, piensen en términos caseros… Resuciten y pónganse en cabeza de la plataforma en defensa de las comunicaciones de la comarca. Háganlo desde la política, pero sin partidismos ni medallitas. Y llamen de una puñetera vez por todas a las cosas por su nombre: trochas y no carreteras. Eso tenemos.

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