martes, 23 abril 2024
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Ha cambiado todo y algunos no lo ven

Sin matices ni excusas ni juegos de artificio: el PP de doña María de la Paz Fernández ha ganado las elecciones municipales en la ciudad de Ronda. Y lo ha hecho de una manera incuestionable. Doce concejales de un total de 21, más que juego matemático constituye todo un trallazo en el lomo de todos los demás. Así, sin anestesia. Es lo que ha querido el personal y es lo que hay de aquí hasta que transcurran cuarenta y ocho largos, larguísimos meses. Lo que procede es felicitar a los ganadores desde la sinceridad, sin miradas al bies, y comenzar a desempeñar el duro trabajo de oposición, que es donde ha colocado el votante a la socialdemocracia rondeña. Dar la enhorabuena al rival por un triunfo obtenido en buena lid no hace más que reforzar la democracia de que disfrutamos, amén de ser cuestión de cortesía y educación.

Sin duda, la lista que presentaba el PP rondeño ha sabido conectar con la gente y también, dicho sea de paso y sin ánimo de restar un gramo de mérito a sus éxitos, se ha beneficiado de las ansias de cambio que desde hace tiempo se vaticinaban en toda España, sin olvidarnos del hastío general frente a tantas ocurrencias y contradicciones de última hora y de la certeza –meteorológica, me atrevo a decir- de que el viento, todos los vientos soplaban a favor de los movimientos conservadores de las Españas.

Yo, la verdad sea dicha, les daba entre 9 y 10, y al PSOE de don Francisco Cañestro –que se ha dejado la piel en el terreno de juego, dicho sea en honor a la verdad- entre 8 y 9, anticipando, pues, la necesidad de llegar a acuerdos con formaciones afines, lo cual no les hubiera sido nada difícil viendo lo cerca que algunos partidos estuvieron de entrar en el Ayuntamiento.

Me equivoqué de todas, todas. Y más aún me equivoque con las confluencias de izquierdas, a las que daba un mínimo de 2. Repito, me equivoque, y lo digo sin sonrojo: 12 concejales sobre 21, por mucho que se remire la ley D’Hondt suponen unos resultados históricos en nuestra ciudad, convierten a la alcaldesa en un nuevo referente en la historia política rondeña y deberían hacernos reflexionar sobre las causas que han provocado que votantes –familias enteras- tradicionalmente de izquierdas hayan acabado depositando la papeleta del primer partido conservador. Pero aquí, en Hispania digo, hace mucho que buena parte de las izquierdas viven –o eso creen- del eslogan, del meme facilón, del chascarrillo, de historias que tienen más que ver con la guerra de Cuba que con la grandeza de la Transición, evitándose así el debate interno, externo, por acción y hasta por omisión.

Algo han debido hacer bien en el PP local que las izquierdas no han sabido ver; algo que la gente sí ha captado, apostando legítimamente por un programa que en clave muy pragmática y sin saltos en el vacío entendió que se acerca más a la solución de sus problemas. Ahí es donde habría que abundar y no andar discutiendo que si galgos o podencos.

Las izquierdas no lo vieron en Andalucía en dos ocasiones, tampoco en Madrid otras tantas, menos aún en Castilla y León… Los politburós, la caterva de consejeros áulicos, los asesores, los comités de expertos y demás oráculos, muy alejados todos ellos de la militancia corriente que tan bien conoce la calle, lejos de reflexionar sobre los porqué que ahuyentan al votante moderado de un partido socialdemócrata como lo ha sido desde Suresnes el PSOE, tal vez por temor a decir al secretario general que estaba y está cada día pelín más desnudo, callaron, aplaudieron y confiaron en que el tiempo borrase las portadas de los periódicos. Esa es la verdad. La triste realidad. Vístase como se vista, ese es el laboratorio donde el virus del desencanto, del desengaño, del hastío, ya digo, fue creciendo, hasta dar en los resultados que finalmente dejaron caer las urnas el 28 de mayo.

Pero lo peor es que una vez más se persevera en el error. O eso creo. Lejos de asumir tan desastrosos resultados como propios, se busca un enemigo –que no rival- externo que impida cuestionar momentáneamente a quienes llevaron al PSOE a un lugar donde no sabe ni puede moverse. El PSOE no es ni fue un partido extremista ni en su ideario ni en su historia reciente, como tampoco la inmensa mayoría de sus militantes son esa especie de tropa antisistema que algunos pretenden trasladar a la ciudadanía.

Urge recuperar los mensajes tibios pero inteligentes, moderados, prudentes, tan cercanos siempre a las personas, y que tan buenos resultados obtuvieron a lo largo de los años. El PSOE no puede ni debe –salvo que quiera perseverar en el error- pelear por espacios políticos que corresponden a otras formaciones. Menos aún debe aprovechar la debilidad coyuntural de los partidos a su izquierda para tratar de captar unos votos que difícilmente entrarán en la cesta socialdemócrata. Contaré una anécdota.

El lunes 29, cuando no había transcurrido ni medio día del varapalo cósmico, un personaje de esos que nunca faltan y que tratan de hacer méritos en los entierros, me abordó en mitad de la calle y me dijo:

-Señor Azabal, felicidades por el programa que hicieron anoche en la tele.

-Gracias, pero creo que nos equivocamos en muchas cosas… Sobre todo en los resultados que veníamos dando desde hace tiempo, pues doce no los esperaba nadie, salvo tal vez los que iban en la lista del PP –dije, por decir algo.

-¡Una panda de fascistas, eso es lo que son! –me espeta, al tiempo que alzaba el puño de la III Internacional.

Sin decir nada, seguí mi camino y dejé al figura en medio de la nada. Haciendo amigos, que se dice. Y es que estos tipos no se enteran ni les preocupa la esencia de la democracia. No podemos acusar de fascismo a tantos y tantos ciudadanos normales, con sus problemas corrientes y su día a día y sus calvarios cada fin de mes, tan solo porque decidieron cambiar el sentido del voto. Porque si ahora, que no nos votaron, son fascistas, pues también lo fueron cuando nos dieron su confianza. Las democracias se basan en la lealtad del militante y en la traición del votante. O se acepta esto con todas sus consecuencias, o bueno, en fin, qué quieres que te diga…

Además, nunca me creí este rollito de fascistas y rojos en plena democracia. Se trata, simplemente, de un hecho matemático: cerca de tres millones de votantes cambiaron de papeleta. Y lo hicieron porque el sistema les garantiza ese derecho. Lo que hay que hacer es ver el modo de recuperarlos para la socialdemocracia. Y eso sólo se puede conseguir respetando sus decisiones por más en desacuerdo que estemos o más que pudieran molestarnos. Un voto es un voto y esas son las reglas.

Cuestionarlas a estas alturas del tango, amén de una mezquindad, es de imbéciles, y mucho me temo que de seguir la senda de unos radicalismos vacíos de contenido y que no van para nada con la socialdemocracia, lo único que estaremos haciendo es facilitar el cumplimiento estricto de la Ley de Murphy. De perseverar en el insulto mediante vídeos cutres que no tardarán en volverse en contra, prescindiendo de la educada confrontación de ideas, nos llevará a perder el torneo antes de comenzar el partido. De seguir viendo en el PP y en VOX enemigos antes que rivales con ideas distintas, muy distintas, acabaremos consiguiendo justamente lo contrario a lo que pretendía evitar el presidente del Gobierno al convocar elecciones anticipadas en mitad de la calima y con un pie en el chiringuito… Es decir, que el obús caiga dos veces en el mismo agujero, que ya es difícil. Tentar a Murphy no es bueno, máxime cuando el personal hace mucho que pilló sierra.

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