sábado, 18 mayo 2024
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Ronda y Juan Marsé

Uno de los principales autores de la literatura española de nuestros días es Juan Marsé, un escritor impetuoso, contundente, profundo y vigoroso, cuyo dominio y exactitud a la hora de usar el lenguaje forja un universo literario con sello propio. Ese esmero fue cultivado a lo largo de toda su vida casi de forma autodidacta.

Los paisajes de sus escritos retratan un pequeño mundo, que pasa a ser inmenso debido a ese exquisito manejo de la palabra. Sus perfectas y sabrosas descripciones se adentran en las emociones, sin caer en sentimentalismos, y se sustentan por ellas mismas de una belleza objetiva.

La ciudad de Ronda tiene el honor de nutrir parte de su obra: como inspiración, ya que sitúa la procedencia del Pijoaparte, protagonista de Últimas tardes con Teresa; y como parte viva, puesto que el propio Juan Marsé visitó nuestra ciudad para realizar Viaje al Sur.

Ambos libros tienen una conexión intrínseca, debido a que Marsé se inspiró en un muchacho rondeño para crear el personaje principal de Últimas tardes con Teresa. Se trata de una persona real, que acompañó al escritor gran parte del tiempo que permaneció en Ronda: hablamos del joven de dieciséis años Miguel Fernández Galán, más conocido por el Chato. Marsé lo retrata como un chico pequeño y fuerte, de cabeza grande y rostro oscuro, donde destaca los dos enormes agujeros de su nariz. De él nos da una amplia información en cada uno de ellos.

Siguiendo el orden cronológico, hemos de constatar que Marsé pasó por la ciudad de Ronda en 1962 con el intelectual Antonio Pérez y el reportero gráfico Albert Guspi. El objetivo de la visita a Ronda, completada con el paso por otras ciudades como Jerez, Sanlúcar, el Puerto, Cádiz, Rota, Torremolinos, Marbella, Fuengirola o Málaga, no era otro que romper los moldes de la idealizada y manoseada literatura de viaje, elaborando un libro a base de crónicas reales, noticias de la época y fotografías sobre la situación que imperaba en el país en plena dictadura. Bajo el apoyo de la editorial Ruedo Ibérico que trabajaba desde París, el libro adoptó varios títulos, como España 1962, España hoy o Andalucía, perdido amor, hasta llegar al definitivo Viaje al Sur. A causa del retraso en la publicación y por el hecho de que la editorial había pasado a manos de otros, el manuscrito permaneció perdido durante décadas, hasta que en 2012 se encontró la pista definitiva que lo despertaría de su letargo.

Dentro de los parámetros de este género innovador, y teniendo en cuenta la perfección literaria de Marsé junto a las aportaciones de sus acompañantes, el libro puede considerarse una joya documental, siempre y cuando tengamos en cuenta el momento y las circunstancias en las que se concibe.

En este trabajo, Ronda se retrata desde una óptica diferente, aunque su belleza natural y monumental no pasa inadvertida. De este modo, al lado de las descripciones de lugares como el barrio de San Francisco o las calles céntricas, incluye referencias de personas anónimas con las que se va encontrando.

Entre las menciones que hace Marsé de nuestra ciudad, podemos destacar la visita a la plaza de toros, donde, una vez más, tiene un encuentro con el Chato y otros chicos de su mismo estatus social. De todos estos episodios hay constancia tanto en el texto, como en la documentación gráfica que lo acompaña. Aparte, se constata la admiración que le produce el coso taurino, al que se refiere, según sus propias palabras, como una de las cosas más bellas que vio durante su viaje.

Otro de los monumentos a los que hace alusión es la Casa del Marqués de Salvatierra, que actúa como bisagra entre dos mundos socialmente contrapuestos. Uno de ellos está representado por el obrero de la calle que los incita a que visite el palacio, así como por los caseros que le muestran el interior del edificio; el otro lo reconstruye a partir de las palabras del pseudo-guía sobre el marqués, quien, debido a sus numerosas propiedades, solo usa aquel inmueble apenas dos veces al año.

El Tajo es otro lugar mítico e ineludible en su recorrido por la ciudad. Allí bajan en compañía del Chato y otro guía infantil llamado José Manuel.

La Ronda de los años sesenta del pasado siglo, en lo que se refiere a su vida cotidiana y a los elementos que pivotan en torno a su eje socio-cultural, queda plasmada en las referencias a rincones más sencillos, contrapuestos a sus entornos monumentales, como son simplemente algunas de las viviendas de la población.

Y esa visión particular era precisamente la que se propuso la editorial: ofrecer una nueva perspectiva que tachara el concepto anterior de tipismo, tan afianzado como trillado, donde nuestros pueblos y ciudades disfrazaban sus miserias para enaltecer un pasado glorioso.

En su periplo andaluz, el autor pone más énfasis en los encuentros mantenidos con las clases populares que en el propio patrimonio histórico y cultural. Al hilo de esto, en cada una de las ciudades se van hospedando en fondas, pensiones y establecimientos de talla similar, donde el escritor estrecha vínculos con personas de clase obrera.

En Ronda se hospeda en la pensión Paraíso. Su habitación nos la describe como una estancia de techo abovedado, inmensa y muy encalada, donde destacan cuadros de temática religiosa y un ambiente muy familiar.

En suma, a través de la obra de Juan Marsé podemos introducirnos en una Ronda que, aunque no lejana en el tiempo, encierra ya el sabor de un pasado al filo de iniciar sus primeros pasos por la historia.

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