domingo, 14 agosto 2022
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Un justo clamor de médicos

Se veía venir. Médicos y personal auxiliar de los centros de salud desparramados por todo el mapa andaluz, y es de presumir que del territorio nacional, han levantado la voz por una situación enrevesada y penosa que ha venido a soliviantarlos. Y con razón, no podemos por menos que pensar quienes hemos tenido acceso a las justas reclamaciones que han tenido a bien elevar hasta las más altas instancias del poder, ante una situación que era difícil, pero que la pandemia ha elevado en grado exponencial hasta  cotas impensables. 

 Algo que no tenemos por menos que considerar como reclamaciones justas como resultado del maremágnum creado por el malhadado virus que Dios confunda  en los centros de salud: su personal médico no ha tenido por menos que elevar en grado sumo hasta altas instancias del poder  sus justas reivindicaciones.      Argumentan, dolidos, los profesionales de la medicina que los males que les abaten no son de ahora, sino que vienen de años atrás, pero que se han agudizado por mor de la pandemia, lo que les lleva, con más razón que un santo, a pedir que la situación cambie, por necesidad, más temprano que tarde.

Esgrimen como banderas los estigmas de frustración que han aflorado en su sentir  y no dudan en calificar como una pesadilla frustrante que no puede por menos que hacer mella en su constitución física y psíquica como consecuencia de las circunstancias que les ha tocado vivir.  

Reconocen que se encuentran desbordados, y es razonable que expongan sus cuitas y que demanden un incremento del presupuesto concebido que viene de mucho  atrás y, en consecuencia, desfasado. 

Un incremento de lo destinado a la atención Primaria hasta ahora estancada en un 18%  y que ahora se pide se aumente hasta que se llegue al 25%. Justa pretensión si se tiene en cuenta que se viene reclamando desde tiempos atrás, y que la  situación ha cambiado, y el desfase se muestra de manera exponencial.  Ponen los médicos de Atención Primaria sus problemas  sobre el tapete ante la existencia de una situación que mor de las circunstancias adversas que atravesamos a rebufo de la pandemia se intensifican por días y que perjudica tanto a ellos como a los enfermos que buscan su amparo a tenor de sus dolencias.    

 Situación esta que no tiene por menos que incidir en la dicotomía médico-paciente  que siempre fue tan necesaria como apreciable entre ambos. Esta situación, agravada por días, motiva que los médicos «emigren» hacia lugares más proclives al desarrollo y desempeño de sus funciones, algo que podría afectar de lleno a la sanidad pública, un bien al que hasta ahora se ha venido acudiendo sin cortapisas.   Viene resultando palmario que buen parte de nuestros médicos de atención primaria se debaten en una situación caótica y que, por esta razón, ante una penosa situación soportada durante decenios, habría que decir rayana en el estoicismo, no han tenido por menos que solicitar traslados o buscar con ahínco la medicina privada. Cuando no lo consiguen se vienen dando casos de abandono de su profesión médica con progresión en el tiempo en el tiempo y de forma deseada.  

 Algo que todos habríamos de lamentar. Porque es claro y notorio que sin su existencia la sanidad pública se resquebraja, si no es que, de continuar esta injusta deriva, haya comenzado su declive para acabar por finiquitar. Luego vendrán las lágrimas y el crujir de dientes por parte de quienes no pusieron coto en su debido tiempo a este candente problema y, por supuesto, para todos los que vemos a los médicos como tabla de salvación para cuando nuestra salud se resiente a ojos vista, o cuando los años acumulan deficiencias que tratemos de soslayar. El clamor reivindicativo es justo y su apoyo deberá ser incondicional por parte de todos.

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